Había una vez, un hombre de mediana edad que estaba cansado de sí mismo. Estaba cansado de su quehacer, de su estado interno de seriedad y su connotación de gravedad para las cosas, que le hacían contactar con una pesada frustración, que intentaba aliviar mediante el hacer, el bien hacer por supuesto, lo cual le metía de nuevo en la rueda de la frustración. Hay que decir también que la orientación de este hombre era estar constantemente haciendo cosas, embargado por un sinfín de intereses que le empujaban a estar descubriendo y aprendiendo para sentir que era querible por todo lo que sabia hacer y lo bien que hacía las cosas.

Si bien esta actitud de curiosidad hacia la vida puede en algunos casos ser recomendable, en otros, como este, resulta perjudicial. Porque? porque en este caso la incesante curiosidad le llevaba a ser autodidacta en muchas cosas, (recordemos su búsqueda inconsciente de amor a través de saber hacer muchas cosas y bien hechas) con lo que nunca llegaba a ser maestro en nada y muchas veces se quedaba a medias con lo que generaba constantemente asuntos pendientes que le hacían sentir un peso vital y una insatisfacción por no hacer las cosas bien. Esto, le contactaba una actitud seria, orientada a la producción y al resultado, que después de tantos años se daba cuenta de que no le beneficiaba en nada puesto que casi nunca le permitía contactar con la alegría.

Quiero aquí mostrar su diálogo interno:

A: ¿Cuando voy a estar alegre? ¿Es que soy idiota?

B: Porque… si un idiota está alegre, ¿qué pasa?

A: Pero la cosa es que yo no soy idiota y como no soy idiota no puedo estar alegre. Los idiotas son los que estan alegres porque los que no lo son, estan pendientes de hacer otras cosas que no son estar alegres, porque la alegria no sirve para nada, la alegria te quita el tiempo, te quita y te distrae. La alegría no es lo que te va a sacar de aquí!

B: Pero… ¿de donde ha de sacarte?

A: Sabes que pasa, que yo quiero estar alegre y me da igual perder el tiempo o no ser productivo, me da igual no ser idiota o serlo, si para estar alegre he de ser idiota, prefiero serlo, porque estoy ya harto de estar serio y preocupado. Quiero reir y pasarmelo bien. Sin ninguna finalidad. Parece que esté mal y no puedo pero yo quiero poder.

B: Así de serio me estas haciendo daño, no disfrutas las cosas.

A: Solo las hago y las consumo pero no las saboreo, porque no me alegro, porque solo se alegra el idiota que no ve lo que le espera mañana. Porque si ves la mierda que nos rodea no estarias contento ni un momento. Estar contento con la mierda al rededor es de idiotas.

B: Eso es lo que no te deja estar contento. No querer ser idiota. No querer pasar de todo lo malo que te rodea.

A: Pero como voy a pasar de todo lo malo? Es que parece que ni sé lo que es malo o lo que hay de malo, es un estado general de alerta y de atención ante una sensación de algo que venga a cortarte la alegría.

B: Ya. Un hacerte sentir idiota porque estas contento.

A: Exacto, la alegria del idiota.

Conclusión: Si para estar alegre has de ser idiota, mas vale que prefieras serlo y soltar la alerta y la atención. Con la guardia subida es muy difícil que haya alegría sin sentirte idiota. Si el amor ha de llegarte por el resultado de tu quehacer, difícilmente vas a bajar la guardia. Sin bajar la guardia difícilmente podrás llegar a la sensación de paz y relajación necesarias para sentir la alegría de que todo está bien tal y como está.

¿Y tu? ¿Como vives tu relación con la emoción de la alegría? ¿Te es fácil contactar con ella? ¿O no te la permites como en este caso por algún o otro motivo? Comparte con nosotros tu experiencia sobre esta emoción, y el cómo se da en ti.

Abrazos!

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