En la terapia Gestalt, intentamos evitar todo lo que no está o no se desarrolla en el presente, incluso si el conflicto que aparece hace referencia al pasado o a un evento del futuro, traemos ese material al aquí y ahora, porque sólo en el presente es donde se puede integrar. No podemos valorar la importancia del presente si no tenemos en cuenta las trampas que nos ponemos a nosotros mismos refugiándonos en el pasado o en el futuro.

El aquí y ahora significa maduración y crecimiento, lo demás no es otra cosa que seguir echando balones fuera y movilizar el entorno en lugar de usar nuestro propio autoapoyo.

Es algo así como seguir dándonos razones y explicaciones a nosotros mismos para no salir de donde estamos, para seguir creyendo lo que creemos, culpando al mundo y no asumiendo nuestra responsabilidad para con nuestra vida, sería como darnos motivos para seguir creyendo que tenemos razón y no aceptar los hechos que nos están sucediendo.

En el fondo, estamos donde queremos estar, estamos haciendo lo que queremos hacer, aun cuando equivalga a una tragedia aparente. Si podemos descubrir nuestra libertad dentro de nuestra esclavitud, también podemos descubrir nuestra alegría esencial bajo la cubierta de la victimización, así podremos encontrar la salida.

El poder de la empatía

La silla vacía es un técnica frecuentemente utilizada en la practica clínica y muy útil para que el paciente pueda entrar en contacto con sentimientos, pensamientos y emociones que no dejan fluir con soltura y/o normalidad su vida. Más que una técnica, es un espacio para la conciencia, para el darse cuenta, un lugar para la experiencia.

El uso de la silla vacía, tiene la finalidad de hacer una exploración interna, y se utiliza cuando el paciente necesita percatarse de sus fantasías, prejuicios, temores o demandas hacia el otro, hacia sí mismo o hacia el mundo.

En el caso de conflictos, se usa para empatizar con el punto de vista del otro y esto puede ayudar a ampliar las posibilidades a la hora de posicionarse ante el conflicto. De este modo, se coloca en la silla de manera imaginaria a la persona con la que se tiene el conflicto, delante del paciente, y se le pide al paciente que genere un diálogo entre ambas partes. Al ir asumiendo el rol en cada una de las sillas, el paciente podrá experimentar los dos personajes conversando con sus conflictos y emociones.

Es una oportunidad de poner conciencia en los pensamientos y las emociones que experimenta al ponerse en la piel de la otra parte o personaje representado, así como darse cuenta de las resistencias que aparecen a la hora de llevar a cabo esta técnica (¿Qué me pasa que no soy capaz de decir y/o hacer esto? ¿Qué estoy evitando?).

La práctica de esta técnica produce la expresión de sentimientos y el terapeuta deberá ir cuidando la intensidad con la que se produce, la no interrupción, el tono de voz, el lenguaje no verbal y en especial señalar lo que se está evitando. Es fundamental llegar al punto fóbico que la persona evita contactar, para ello el terapeuta deberá frustrar las manipulaciones del paciente mediante consignas y confrontaciones, y apoyará las expresiones. El punto culminante de la experiencia con la silla vacía llega cuando la situación se hace insostenible, cuando no hay salida y la persona necesita resolverla de forma creativa, asumiendo soluciones y responsabilizándose de él mismo.

Posteriormente es necesario integrar la experiencia de las dos partes, donde se encuentra una respuesta novedosa que contendrá la expresión genuina de la necesidad predominante y la emoción contenida, dando así posibilidad a poder cerrar la Gestalt, o al menos percatarse de lo que sería necesario.

Es la oportunidad de hacer lo que nunca se pudo, de expresar lo inexpresado, de decir lo que nunca se pudo decir y de aprender a parase sobre sus propios pies.

El diálogo por sí mismo puede generar la resolución del conflicto pero, en caso de que no fuera así, se utilizaría la información privilegiada que surge de esta técnica para resolverlo con otros métodos y técnicas.

El uso de las sillas caliente y vacía se ha convertido en un emblema de la terapia Gestalt, algo así como el diván para el psicoanálisis.