El otro día, en sueños, sostenía a un bebé en brazos, en la habitación de mi casa, en mi cama, acabo de despestar sostenia y levantaba con alegría a un bebé que llevaba un mono de color anaranjado. Mi sentimiento era de júbilo, alegría e ilusión mezcladas con una reconfortante sensación de familia, estabilidad, pertenencia y amor.

Los sueños pueden considerarse como decimos en la gestalt “un mensaje existencial”, esta apreciación de Perls la podemos complementar con la visión de Jung, en la que nos dice que los sueños nos ofrecen una foto de la orientación psiquica en el presente del soñante. Los sueños generalmente suelen mostrar dos funciones, a veces una, otras ambas: La función de amplificación y la función de compensación.

* Función de amplificación: Podemos entender la función de amplificación como aquella tendencia del sueño en la que se enfatizan algunas caracteristicas de nuestro ego, en las que con su exageración o aumentación se ponen más de relieve. En ocasiones esta función también es utilizada para amplificar o aumentar aspectos necesarios de nuestra personalidad que no vivimos plenamente, y para compensar con su aumentación aspectos de nuestra personalidad, por ejemplo, una imagen de engreimiento para compensar un sentimiento excesivo de inferioridad.

* Función compensatoria:  La escasez aquí produce el exceso allá. El sueño no sólo no obedece a nuestra voluntad, sino que a menudo contrasta incluso fuertemente con las intenciones de la consciencia. Este contraste, sin embargo, no siempre es tan acusado, a veces el sueño pede también desviarse solo un poco de la actitud o tendencia consciente y en ocasiones puede incluso coincidir con el contenido y la tendencia consciente (Carl G. Jung)

Entonces, volviendo al sueño y aplicando estas dos funciones, podriamos decir que lo que este sueño proyecta es el deseo del soñante, es decir que el sueño está amplificando y compensando un aspecto de la vida que no se está viviendo plenamente y el deseo de hacerlo. Podríamos entonces preguntarnos por cómo son en la actualidad esas emociones vividas en el sueño: “Mi sentimiento era de júbilo, alegría e ilusión mezcladas con una reconfortante sensación de familia, estabilidad, pertenencia y amor.” Y ciertamente, en el momento vital que se produjo este sueño, el deseo de sentirme amado, de formar una familia fruto del amor y la necesidad de reposo y estabilidad emocional para formar un familia es muy intenso. Un momento en la vida en el que amo a una mujer, una mujer que me permite sentir las dos cosas a la vez tan difíciles de encontrar en un solo ser, el equilibrio entre el afecto, el amor y el deseo, y al mismo tiempo una relación que no está siendo posible y no se está dando de la manera que yo deseo y que me transporta a sentimientos antiguos de no ser querido, no ser visto y no ser tenido en cuenta emocionalmente. El exceso aquí es la escasez de allà, lo que estoy dando ya por perdido el sueño lo compensa y lo amplifica: todo lo contrario a lo que yo siento en el sueño (función compensatoria) y muestra y aumenta mi deseo (función de amplificación), para que de esta manera pueda reafirmarme en mi deseo y no ceder a la frustración de ver que no es posible.

Otra de las cosas importantes en los sueños es el poder de condensación que tienen en lo símbolos que aparecen. Hasta el más mínimo detalle puede contener para el soñante información esencial y ofrecer una comprensión única al poder relacionar el significado del símbolo con aspectos de su vida o su experiéncia actual.

Así pues, una de las técnicas básicas en la interpretación de los sueños es la asociación simbólica y la identificación con los símbolos. Entonces, voviendo al sueño aparecen como simbolos el bebé y llama mi atención el color anaranjado del mono que lleva puesto. El bebé como símbolo lo asocio a felicidad, al resultado y fruto gracias al amor de los padres, responsabilidad, compromiso, importancia personal como modelo a seguir por el hijo. Y el color anaranjado, me sugiere ambivalencia, y basándome en lo simbólico, y tirando de amplificación, me encuentro con lo siguiente:

Anaranjado. A medio camino entre el amarillo y el rojo, el naranja es el color más actínico.Entre el oro celeste y las fauces ctónicas (En mitología y religión, especialmiente la griega, designa o hace referencia a los dioses o espíritus del inframundo, por oposición a las deidades celestes.), este color simboliza en primer lugar el punto de equilibrio del espíritu y de la libido. Pero tal equilibrio tiende a romperse en un sentido o en otro, y se convierte entonces en la revelación del amor divino, o en el emblema de la lujuria.

Y no es esto en realidad lo que estoy viviendo en este momento de mi vida, en esta relación? Efectivamente es lo que tantas ganas tengo de encontrar, este equilibrio entre amor y deseo en la mujer. Esto que llevo buscando durante toda mi vida y que para mí es tan necesario como para poder formar una familia. Que en una misma persona pueda encontrar estabilidad, afecto, amor, libertad, crecimiento (amor divino), deseo y placer (lujuria). Es algo así como sentir que la realidad está poniendo al alcance de mis manos mi deseo, es un estar naciendo en ese equilibrio de amor y placer propio de mi deseo pero que al mismo tiempo ese equilibrio (porque la vida es un cúmulo de inestabilidades) es inexistente al rozar cielo y tierra a cada paso, a cada vivencia, en cada experiencia… Existe el equilibrio? O es una mera fantasía dualista? Ahí lo dejo…

Entonces, reapropiándome de mis proyecciones soñariles, podría leer el sueño de la manera que sigue;

– Sostengo en mis manos este nuevo ser, me sostengo en mis propias manos con alegría y júbilo en toda mi inocéncia, mi vulnerabilidad e indefensión de un ser recién nacido. Y siento una enorme ilusión en poder transmitir todo lo que sé, en poder enseñar(me) y guiar(me) en el proceso del vivir y del crecer.

– Soy un bebé recién nacido, que vengo a traer felicidad, comprensión y entendimiento (de lo que es el resultado de una vida), y a aclarar las cosas con mi presencia, vengo a dar otra oportunidad de hacerlo bien. Tengo toda la vida por delante, y estoy muy contento. Esta persona que me sostiene en sus brazos, puede enseñarme mucho del cómo vivir.

– Soy un mono de color anaranjado, sirvo para proteger, para separar el afuera del adentro, soy ambiguo, estoy a caballo entre el rojo y el amarillo, puedo rozar el cielo en términos de espiritu, de realización, de amor divino, hasta caer al inframundo, al mundo pasional de los deseos y de la lujuria.

Entonces en esto del aprender el cómo vivir, voy a tener que vérmelas con esto del amor y del placer para con la mujer.  En esto de ver cómo me manejo cuando aparece lo real, de mí, cuando termina el juego cortés, el tira y afloja de la seducción, cuando disminuye la intensidad y aparece lo que soy. Cómo de cómodo estoy en ese momento. Y ahí viene ese ser recién nacido para poder aprender de mí eso.

Y la amplificación simbólica continúa asi:
Pero el equilibrio del espíritu y la libido es cosa tan difícil que el anaranjado se convierte también en el color simbólico de la infidelidad y la lujuria. Este equilibrio, según tradiciones que se remontan al culto de la Tierra Madre, se busca en la -> orgía ritual, que induce a la revelación y la sublimación iniciáticas. Se dice que Dionisos viste de color naranja.

Me surgen pues otras preguntas como: Acaso estoy siendo infiel a mí mismo? Acaso no estoy siendo fiel a mis principios entregándome al placer amoroso(lujuria) sin respetarme emocionalmente (amor divino)? Me guardaré estas respuestas por motivos personales…

Dionisio. Hay querido Dionisio, dios de la vendimia y el vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis e hijo de Zeus. Divinidad cuya significación se simplifica abusivamente al ver en ella el símbolo del entusiasmo y de los deseos amorosos. Por haber retirado de los infiernos a su madre Semele, fulminada por Zeus, y haberla introducido en la estancia de los Inmortales, Dionisos era también considerado como un «liberador de los infiernos», dios ctónico, iniciador y conductor de las almas. En el sentido más profundamente religioso, el culto dionisíaco, a despecho de sus perversiones e incluso a través de ellas, testimonia el violento esfuerzo de la humanidad para romper la barrera que la separa de lo divino y para liberar su alma de los límites terrenos. Los desbordamientos sensuales y la liberación de lo irracional no son más que muy torpes búsquedas de algo sobrehumano. Por paradójico que esto parezca, Dionisos, si se considera el conjunto de su mito, simboliza el esfuerzo de espiritualización de la criatura viviente a partir de la planta hasta el éxtasis: Dios del -> árbol, del -+ cabrón, del fervor y de la unión mística. Sintetiza en el contenido de su mito toda la historia de una evolución.

No es cierto que los límites terrenales son nuestro ego, y nuestra lucha en pretender que las cosas sean como nosotros queremos? No es esto motivo de sufrimiento? Sufrimos cuando vamos en contra de nuestro ego, y no por ello debemos cesar en la lucha. Dice Alain Vigneau: En la lucha contra el ego nadie gana, pero al menos algo se transforma.

Pero, desde el punto de vista del análisis -y por retener principalmente los aspectos primitivos del dios- Dionisos simboliza la ruptura de las inhibiciones, de las represiones, de los rechazos. Es una de las figuras nietzschianas de la vida, opuesta al prudente aspecto apolíneo. «Simboliza las fuerzas obscuras que surgen de lo inconsciente; es el dios que preside los desenfrenos que produce la embriaguez, todas las formas de la embriaguez, la que se adueña de los bebedores, la que apresa a las gentes arrebatadas por la música y la danza, la que es propia de la locura, que él inspira a quienes no lo han honrado como conviene. Él trae a los hombres los presentes de la naturaleza y sobre todo los de la vid. Es el dios de las formas múltiples, el creador de ilusiones, el autor de milagros» (Defradas en BEAG).

Simbolizaría entonces las fuerzas de disolución de la personalidad: la regresión hacia las formas caóticas y primordiales de la vida, que provocan las orgías; una sumersión de la conciencia en el magma de lo inconsciente. Su aparición en los sueños indica una violentísima tensión psíquica, la proximidad del punto de ruptura. Se percibe la ambivalencia del simbolo: la liberación dionisiaca puede ser espiritualizante o materializante, factor evolutivo o involutivo de la personalidad.

Me encuentro pues en una encrucijada vital, responder al amor (el propio, quererme a mí) o responder al deseo (también el propio, pero no a costa del amor). Estoy naciendo envuelto en una fuerte ambivalencia, y al mismo tiempo en un gran deseo de las dos cosas. Me pregunto por mis valores, son mis creencias limitantes? Estoy encerrado en una forma de vivir y como promueve dionisio no me entrego a la vida? O precisamente por esa entrega a la vida estoy naciendo ahora? Estoy buscando el amor a través del deseo?  A caso uno no es mas feliz si vive deshinibido, sin represión y sin rechazar pulsiones y deseos siguiendo el dictado Dionisíaco … Claro está que sí, y sin hacer daño a nadie, porque la elección intrínseca que nos corresponde como seres vivos, las decisiones que debemos tomar por el simple hecho de estar vivos y poder seguir viviendo (y no ser muertos vivientes), esas, si le duelen a alguien no podemos hacer mas que respetar el dolor que producen porque respetamos nuestra vida y nuestras decisiones, y porque no conllevan la intención de dañar a nadie.

Y termino con un poema de mi maestro Claudio, espero que os guste.

POEMA A DIONISIO por Claudio Naranjo

 ¡Oh, hijo del fulminante padre de los dioses y de Dione, y que tanto anheló la contemplación suprema que fue aniquilada hasta hacerse fuego y cenizas!

¡Divino Dionisio que habrías sucumbido mucho antes de nacer si tu padre no te hubiese incubado en su generoso muslo! Oh, Dios sufrido, paciente y supremamente meritorio que sólo llegó a unirse a los Olímpicos tras una vida divinamente estipulada de adversidad.

¡Oh, tu que pasaste todas la pruebas viajando a través de la locura y de la muerte. Tú que le enseñas a los mortales la vía del renacimiento y de la salud a través de tu ejemplo!

Quiero celebrar tu libertad emancipatoria, tu sacralidad animal y tu ebriedad sagrada.

Libéranos e infunde en nosotros el don de la entrega, para que podamos disolver nuestras pequeñas mentes limitantes cotidianas y recuperar así nuestra verdadera estatura. Libéranos del mal de la acusación del noble animal que somos, sin el cual nos tornamos en fantasmas castrados, seres destructivos y estériles.

Devuélvenos, dios de la humanidad, el don de la amistad hacia la serpiente y la pantera, y el toro, y el águila y el macho cabrío con sus grandes cuernos y testículos que los pretendidos imitadores de Cristo tomaron como emblema del demonio para poder proyectar en él sus culpas y sacrificarlo.

Devuélvenos, Dios de la humanidad, la inocencia de la naturaleza y de lo natural. Devuélvenos nuestra naturaleza instintiva y la valoración del placer  más allá de la culpa y del desprecio.

Te celebro, Dios de la danza, con el don de mi entusiasmo y el ofrecimiento de la sangre de mi espíritu para tu empresa de convertir a una humanidad pálida en un mundo danzarín, y con mi júbilo celebro tu alegría para que su potencia fortalecida pueda soportar la fricción con una humanidad triste.

Y celebro también, Dios de la celebración, la celebración misma. Y, en su corazón, el amor a la vida.

 

Libido (del latín libido: «deseo», «pulsión» y en un sentido estricto: «lascivia») es un término que se usa en medicina y psicoanálisis de manera general para denominar al deseo sexual de una persona. Como comportamiento sexual, la libido ocuparía la fase apetitiva en la cual un individuo trata de acceder a una pareja potencial mediante el desarrollo de ciertas pautas etológicas.[1]​ No obstante, existen definiciones más técnicas del concepto, como las encontradas en las obras de Sigmund Freud y Carl Gustav Jung que hacen referencia a la fuerza o energía psíquica. Estos autores vinculan la energía libidinal, respectivamente, a las pulsiones y a su carácter eminentemente sexual como meta primaria (Freud) o a una energía mental indeterminada que mueve el desarrollo personal general de un individuo (Jung).

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