Mito de cibeles
Cibeles, gran diosa anatolia, creadora de la naturaleza, tuvo un hijo. Altis. Desde el primer momento, cibeles quedo prendada de la belleza y gracia de su hijo, y vivía para procurarle total felicidad. A medida que el iba creciendo, pasando de la niñez a la juventud, su amor se hacia mas profundo, y cuando altis llego a la virilidad, su madre lo convirtió en su amante y lo inició como sacerdote de sus misterios.

Este acto implicaba para altis realizar un voto de fidelidad absoluta. El resultado de tal decisión fue que madre e hijo, ahora amantes, se recluyeron a vivir en un cosmos sellado, unidos por un vinculo que imaginaban inquebrantable. Sin embargo, altis no podía estar alejado del mundo exterior, y uno de sus mayores placeres era deambular por las colinas y los bosques. En una ocasión, mientras dormía bajo las ramas de un pino, se le acerco una hermosa ninfa: sagartis. Al momento de despertar y verla Atis se enamoro de ella, y sin dilación le hizo el amor. 

Pero nada quedaba oculto a los ojos y oídos de su madre Cibeles. Al enterarse de la infidelidad de su hijo-amante se sintió dominada por terribles celos, y apaleo a Atis de modo frenético. Éste, en un arrebato de locura, se castró para testimoniar que nunca volvería a quebrantar su voto de fidelidad. Cuando Atis se recupero de su rapto estaba mortalmente herido y fue desangrándose hasta morir en los brazos de cibeles., bajo el pino donde había hecho el amor con sagaritis. Sin embargo, como Atis era un dios, su muerte no fue definitiva. Cada primavera, el joven renacía para su madre y durante la rica y fructífera estación del verano permanecía con ella. Al llegar el invierno, cuando el sol alcanza su menor fuerza, volvía a morir y cibeles lloraba su muerte hasta la primavera siguiente. 

Extracto sacado del Libro el complejo materno. P33 en adelante

Cada uno puede interpretar este mito como mejor le venga, pero la siguiente visión sicológica es lo que quiero compartir en este momento con quien este leyendo.
Carl G. Jung señala que la fantasía del incesto se puede comprender como un intento del niño de regresar al seno materno, y de un modo mas genérico y simbólico representa la recurrente expresión nostálgica mas primitiva que todo ser humano alberga y que no es otros que regresar al seno materno, ese lugar donde se es uno con la madre, donde no hay peligro, es la dicha plena en la que todavía se es uno consigo mismo y con la causa materna, y del mismo modo es imaginable que la reintegración del producto cumple la misma función desde el lado materno. De este modo madre e hijo están atraídos por una fuerza arquetípica que para llegar a ser autónomos e independientes tienen que vencer. 

Pero la tragedia de este mito reside en la posesión que cibeles quiere mantener con su hijo. Desea que atis este ligado a ella, dependiendo en todo de ella, y que sea incapaz de tener vida propia aparte de la de ella. Y si bien este sentido de pertenencia absoluta encuentra razón en la sicología, que lo explica como una profunda inseguridad que provoca que la persona se sienta amenazada ante cualquier separatividad en sus vinculos, lo cierto es que esta afirmación resulta insuficiente si no incluye la presencia de un poderoso moldeo arquetípico, en esa dirección que preexiste a cualquier situación particular. Esto significa que madre e hijo están destinados a reintegrarse uno en el otro, deseo que el patriarcado requiere que permanezca y se fomente de un modo sublimado. 
La venganza de cibeles ante la infidelidad de su hijo – que es en esencia un intento de éste de construir una identidad independiente – es llevarlo hasta la castración. De este modo, el mito nos ilustra el castigo que conlleva querer ser uno mismo en ajenidad al complejo materno. Atrapados en semejante red inconsciente, los seres humanos no alcanzamos a vivir nuestra vida con plenitud. Nos desprendemos del poder de conformar nuestro propio destino debido al miedo de estar solos. Ser fieles a nosotros mismos y desafiar los mandatos del complejo materno. 
Si bien madre e hijo están influenciados por la misma fuerza inconsciente y permanecen en la misma celda, es el niñ, a causa de su vulnerabilidad, el castrado y privado de la real posibilidad de crecer en su total integridad y diferenciarse de la madre. De manera que por lealtad, no se le puede dar la espalda a la madre, pues seria vivido como traición por el niño, y no cumplir con sus demandas y mandatos inconscientes comporta romper un pacto que nos deja (en nuestro imaginario) fuera del circulo de amor materno y nos expone y condena al fracaso. 

“Si se pone por encima del origen de su vida, entonces ¿como puede tener éxito en su vida, si no reconoce el origen? Bert Hellinger

No es esta una manera de no enfrentar la vida? No es esta una manera que por evitar el dolor renunciamos a nuestra propia vida?

El camino hacia la vida se basa en el cese de tal lealtad. Dejar de identificar mi existencia con la de mi madre, quedar fuera del mundo materno. La vida no es otra cosa que Ser uno mismo y aunque tal situación suponga un fuerte dolor por el sentimiento de traición y falta de amor hacia quien nos dió la vida, es imprescindible pasar por ahí, ya que es parte fundamental para poder crecer y posicionarnos en el mundo, descubrirnos, saber quien somos, tener nuestros valores, creencias, sentimientos y en definitiva poder Ser, ser quien uno es sin necesidad de Ser a través de otro.

Y no es por falta de amor a la madre que hay que nacer esto, sino por todo lo contrario. Vencer esta fuerza arquetípica, esta inercia inconsciente que nos une al núcleo materno es tarea de valientes. Es honrar la vida. Es amarte a ti, a tu hijo y a tu madre por encima de todo. Porque, qué mejor manera de agradecer el regalo de la vida a quién te la dió, que aceptándola plenamente y gozándola en todas sus vertientes?
No hay mayor felicidad para una madre que ver la felicidad de su hijo. Como vas a gozar de tu vida si por amor a tu madre no te permites vivirla. 

A %d blogueros les gusta esto: